Entrópicos como la excepción que rompe la causa
nuestros encuentros en una órbita desconocida;
pero casual no es la mirada que rechazas hoy
anoche llena de sol y atrapada en nuestros cuerpos
que perdieron sus curvaturas en la misma resonancia:
soledad que se disgrega en fragmentos inmutables
sobre la mesa, las pastillas para poder dormir.
El cuarto sin luz tiene la misma eternidad que el universo
se siente contraerse como un útero
se siente expandirse como una erección
nuestros abdómenes se retraen y convulsos
de repente, se detienen.
No soy cristiano: amo al más lejano.
Por la distancia no encuentras sino mi pequeña silueta
la follas pensando que no tengo más sombra para ofrecer
me pides un silencio que te ofrezco con mis besos
un silencio para recordarte que somos dos fragmentos
errantes sobre el multilineal plano del mundo,
de trayectoria incierta y libertad solemne.
La distancia se interpone, cortante e invisible,
hecha de lejanía como todo obstáculo
sin embargo, es precisamente ella
la que nos permite andar sin cortes
sobre la infinidad de cada fragmento,
andar errantes y encontrarnos en el mismo giro de la moneda
pero en caras distintas.